miércoles, junio 16, 2010

La UCM: Crisis financiera pero ¡que no se mueva nadie que hoy juega la Selección!

Esta va a ser una entrada corta porque realmente hay poco que añadir al siguiente hecho: hoy en el salón de actos del Centro de Proceso de Datos de la UCM se va a visionar en el proyector el partido de la selección española contra Suiza.

Tócate las narices Mariloli...
Y luego nos extrañamos de que los trabajadores del estado tengamos la imagen que tenemos.

La UCM. 150 millones de euros de deuda que se van a costear en parte cediendo el edificio del Vasco de Quiroga y vendiendo terrenos pertenecientes a la facultad, despidiendo gente del PAS y del PDI, eliminando complementos, cerrando facultades en verano para ahorrar... pero tranquilos chicos que el partido de la selección lo vemos aquí.

Qué tropa, joder qué tropa.

viernes, junio 11, 2010

... Y entonces ella dijo que teníamos que montarle la rueda a la moto

La mente humana es increible. No, en serio, a veces tiene unas cosas para despepitarlo a uno. Como ejemplo: años ha una amiga me pregunta que qué tal ha ido el día en el curro y yo, que me debí quedar dormido en el sofá cinco segundos antes, voy le contesto algo parecido a "mgflshpfhprarunaalabarda". Que nadie me pregunte qué quise decir con aquello; no me acuerdo de nada. Nunca he sentido especial predilección por las alabardas, y además no cabría en ninguna de las casas que he habitado, así que no tengo explicación racional para aquella respuesta.

Y es que anoche me sucedió algo parecido, pero desde el otro lado. Perséfone se había quedado dormida dulcemente y yo estaba a un tris de hacer lo mismo cuando de repente el móvil de mi dama se queja y a continuación su batería muere. En ese momento ella se da la vuelta con los ojos cerrados y pronuncia clara y concisamente: "Te lo dije, que teníamos que haber montado la rueda a la moto". Yo, medio dormido como estaba, tardo unos segundos de estupor en procesar la información, pasados los cuales acierto a decir (por aquello de a ver qué contestaba): "Ya. La rueda de la moto, ¿eh?". Y ella, todo convencida, va y contesta: "Pues claro hombre, la rueda de la moto".

Yo entiendo perfectamente que es recomendable montarle las ruedas a las motocicletas; una moto sin ruedas es algo así como la economía española, que no anda a menos que la arrastren. Pero es que cuando tuvo lugar esta conversación pasaban las doce de la noche y francamente, no eran horas de ponerse a montarla, que digo yo que la rueda y la moto podían perfectamente esperar a la mañana, leñe. Encima, aún siendo ya 41 de Mayo, hacía bastante rasca fuera y no me apetecía nada enfundarme el mono, sacar la llave inglesa y liarme a montarle la rueda a la dichosa moto. Veo mal con poca luz y lo mismo acababa montándole la rueda al wannabe tunero que tenemos por vecino, el del 307 negro con la pegatina de Jimmy, en vez de a nuestra sufrida dos ruedas.

Ante tal avalancha de sentido común decidí no responderle y aguardar esperanzado a que cuando ella se levantase hubiera olvidado tan peregrina idea. Funcionó. Ni siquiera se acordaba de haber tenido la conversación. Afortunadamente, porque mi dama, bendita sea, cuando está convencida de algo es de las de ideas fijas, y yo sabía que el hecho de que ninguno de los dos tuviéramos moto no lo consideraría una traba. Así que ya me veía yendo lloroso al banco y luego al concesionario. Y luego, cuando los colegas me preguntasen que por qué me había decidido a adquirir una moto, yo estaría preparado para responderles de todo menos la verdad, que el respeto está muy caro y uno no está para arriesgarlo de esa manera.

lunes, junio 07, 2010

¿Y a cambio los romanos qué nos han dado?


(Silencio hasta que uno responde...)
"El acueducto."
"¿Qué?"
"El acueducto."
"Ah... si si, eso sí nos lo han dado, eso es cierto, sí..."
"Y el alcantarillado."
"Ah sí, el alcantarillado, ¿te acuerdas cómo olía antes la ciudad?"
"Sí, de acuerdo, reconozco que el acueducto y el alcantarillado nos los han dado los romanos."
"¡Y las carreteras!"
"Evidentemente las carreteras, eso no hay ni que mencionarlo hombre. Pero aparte del alcantarillado, el acueducto y las carreteras..."
"La irrigación."
"La sanidad."
"La enseñanza..."
"Sí sí, de acuerdo, de acuerdo..."
"¡Y el vino!"
"¡Cierto cierto, el vino, por supuesto...!"
(coro de asentimiento y aprobación generalizados)
"Sí, eso sí que lo vamos a echar de menos si se van los romanos, Reg."
"Y los baños públicos..."
"Y ahora se puede salir de noche sin peligro Reg."
"Sí, saben como imponer la ley y el orden. La verdad es que son los únicos que han sabido imponerla."
(carcajadas)
"Bueno, pero aparte del alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras y los baños públicos... ¿Qué han hecho los romanos por nosotros?"
"Nos han dado la paz."
"¿La paz? ¡Que te f**** un pez!"


Para quien quiera ver la escena en video:
http://www.youtube.com/watch?v=zEkb1XDgWlw
Esta escena de la película "La vida de Brian" es para quitarse el sombrero. La pondría en los institutos. Y en los colegios. Y en las universidades. Y en los casinos. Y en todas partes.

Continuando con el tema de la entrada anterior, vamos a ver algunos aspectos del Imperio Romano acerca de la integración y civilización de las zonas conquistadas. Dejando aparte que La vida de Brian es una película increiblemente buena y maravillosamente descacharrante, esa escena resume admirablemente en qué consistía la llamada romanización.
Dice A.E.J Morris en su Historia de la forma urbana: "Los romanos eran plenamente conscientes de que intentar dominar los territorios recién adquiridos mediante el mero empleo de la fuerza podía dar lugar a una continua guerra de guerrillas que distraería a las legiones de su misión de ensanchar y mantener las fronteras imperiales, perjudicando además el desarrollo del comercio. Por esta razón la población autóctona debía ser integrada en el imperio bajo condiciones ventajosas; ello se logró, explica R.G. Collingwood, equiparando romanización a urbanización. Los núcleos tribales, que solían ser poco más que aldeas toscamente ensambladas, fueron urbanizados de nuevo como ciudades romanas de diversas categorías y los miembros más destacados de las tribus, con grados variables de entusiasmo, eran invitados a compartir las ventajas de la cultura urbana romana y de sus perspectivas comerciales."(1)

Morris, estando en lo cierto, no ofrece una perspectiva completa del asunto; en parte fruto de Julio César y sus Comentarios a la Guerra de las Galias, y gracias a determinados títulos de cine (Gladiator), de TV (Roma) o de comic (Astérix), se tiene por lo general una imagen de las legiones romanas combatiendo solamente contra hordas de sanguinarios celtas, de belicosos partos o de salvajes germanos; en definitiva contra colectivos con un nivel sociocultural mucho Estos celtas van a aprender por las buenas o por las malasmenos elevado que sus invasores latinos. Pero la verdad es que los romanos se encontraron con bastantes núcleos civilizados en la conquista de la cuenca mediterránea: las cultas ciudades griegas del Peloponeso, la baja Italia y Sicilia, las populosas colonias comerciantes fenicias, la poderosa Cartago, o los ya por entonces milenarios asentamientos egipcios en el delta y a lo largo del Nilo. Su aproximación a ellos varió bastante según época y lugar, oscilando entre la conquista militar y completa destrucción del lugar, caso de Cartago, o el comparativamente pacífico protectorado de Egipto. Sin embargo siempre hubo una serie de componentes comunes en la consolidación de los territorios conquistados, todos ellos vinculados al concepto, evolucionado a partir de la polis griega, de Provincia Romana.

Antes de meternos con ellos, echemos un vistazo a las categorías que tenía una ciudad en el imperio. En las provincias romanas coexistían cuatro tipo de asentamiento según su rango jurídico:

- Civitas: Estas ciudades eran centros administrativos y mercantiles de importancia, y sus ciudadanos eran romanos de pleno derecho. Habitualmente coincidían con asentamientos ya establecidos antes de la romanización, aunque también habían casos de civitates de nueva fundación, las Coloniae, habitualmente costeras, y fundadas por colonos o veteranos militares utilizando la base de un campamento militar o castra (ver más abajo).

- Municipium: Estas ciudades, que podían alcanzar tamaño e importancia similares a las civitates, compartían sólo en parte los derechos del ciudadano romano. Por contra tenían más independencia que aquellas. Un ejemplo es la York romana, el más importante (aunque no el más grande) municipium de los cuatro identificados como tales en Britania.

- Ciudad aliada: Ciudades sin instituciones romanas, con sus propios sistemas de gobierno y recaudación de impuestos.

- Ciudad sometida: Ciudades bajo ley marcial.

Aunque parezca de perogrullo, es necesario apuntar que dentro del imperio romano la ciudadanía estaba condicionada a la pertenencia a una ciudad determinada. El sistema de censos regulaba esta pertenencia con notable eficacia, y gracias a ellos y al impulso que recibieron de distintos emperadores, podemos estudiar la demografía romana y hacernos una idea de la importancia que tenían los censos en la vida urbana de las provincias. Viendo esto es evidente pues que era de la ciudad de la que emanaban los derechos y deberes de los ciudadanos, y que era en ella donde se desarrollaba toda la actividad administrativa, cultural, artística y mercantil. Era en definitiva la unidad básica del imperio.

Las famosas carreteras de las que hablaba el viejo Matías en la escena que abre esta entrada merecen una mención especial. La red de calzadas romanas unían las ciudades entre sí y llegaban a los lugares más recónditos y alejados. Eran utilizadas por correos imperiales, comerciantes,Los hortelanos del apio montaban los tenderetes en esta vía ciudadanos y soldados. Haciendo un símil podríamos decir que la sangre del imperio corría por las arterias que eran las calzadas (Vía Appia en la imagen derecha).

Hago mención de ellas porque me parece un buen punto de partida para estudiar el proceso de romanización. Cuando una provincia era incorporada al imperio, aquella entraba en contacto con el resto de provincias. Esto hacía posible el comienzo de un flujo migratorio al principio y comercial después. En caso de haber asentamientos importantes, éstos comenzaban un rápido proceso de reconstrucción e incorporación de estructuras que mejoraban la calidad de vida de sus habitantes: alcantarillado, irrigación, baños públicos, escuelas, etc. Al mismo tiempo la élite política del lugar era introducida en las maravillas de la vida romana, y con el tiempo el resto de los habitantes seguía el mismo camino. Urbanísticamente hablando, la planificación de nuevas zonas se hizo utilizando la clásica distribución en retícula, basada en gran parte en la distribución del castra, el cual fue basamento para un gran número de ciudades en toda europa. Sus elementos clave eran, como en la propia Roma, el foro (evolucionado del ágora de las polis griegas), las zonas públicas de recreo (baños y gimnasios) y ocio (teatros y anfiteatros) y las vías. En el caso de estas últimas hay dos que merece la pena destacar por su importancia: en los campamentos de legionarios (y en las ciudades a las que dieron origen) existían las vías ortogonales del decumano (eje este-oeste) y cardo (norte-sur), que dividían el campamento en cuatro sectores. El foro solía estar situado cerca de la intersección de las dos vías. Los templos, dedicados tanto a los dioses romanos como a las deidades locales (algunas identificadas y fusionadas con otras deidades romanas ya existentes, y otras directamente incorporadas al panteón) facilitaban la continuación del misticismo local, ya integrado en la vida ciudadana. La paz, la seguridad y las nuevas perspectivas comerciales convirtieron a los pobladores en una cada vez más pujante clase media con una vida pública activa, y las viviendas evolucionaron en consecuencia: la cabaña mutó en Domus en el caso de ciudadanos con gran poder adquisitivo, o en Insula de varios pisos habitada en régimen de propiedad o arriendo. Así se fueron dibujando las nuevas ciudades romanas.

Hagamos un inciso para hablar de Roma, dado que el proceso de urbanismo en las provincias era en realidad un intento de crear una pequeña copia de la ciudad madre de los romanos en cada asentamiento, tanto si éste era antiguo como si se trataba de una colonia nueva. Roma era el alma del imperio e inspiración para los nuevos colonos. Sin embargo, aún siendo magnífico, el enclave urbano de la Roma imperial tenía grandes problemas urbanísticos y demográficos fruto de su crecimiento desmesurado y de las peculiares condiciones del terreno donde se asentaba. Los valles y hondonadas entre las siete colinas constituían un marjarl cuyo drenaje y eliminación fue un problema desde el principio y que costó ingentes cantidades de esfuerzo a los urbanistas romanos. El sistema de alcantarillado data de esta primera época y constituye un primer intento de canalización y control de aguas residuales. A ras de superficie al principio, con el tiempo quedó enterrado bajo la nueva ciudad y nunca pudo ser modificado para adaptarlo a las nuevas y crecientes necesidades. Algo parecido acaeció en la superficie, cuando los primitivos asentamientos en las colinas del Capitolio y Palatino se extendieron a sus vecinas del Quirinal, Viminal, Celio, Aventino y Esquilino. El crecimiento de la primitiva Roma fue básicamente orgánico, y una vez establecido el trazado pudo ser modificado sólo en contadas ocasiones, como los años posteriores al gran incendio en tiempos de Nerón. Esto dificultó, entre otras cosas, la planificación del trazado de los acueductos y por tanto la dotación de agua corriente a todas las zonas de la ciudad.

A pesar de todo lo anterior, Roma fue la musa inspiradora de los urbanistas y planificadores romanos durante toda la historia del imperio, y la leyenda de su magnificencia ha llegado hasta nuestros días.

Siguiendo con las provincias, los romanos aprendieron de los errores y las nuevas ciudades crecieron y prosperaron. Puestas en contacto por las calzadas, protegidas por las legiones y por las cada vez más lejas fronteras, el comercio floreció entre ellas y sus habitantes ganaron poder adquisitivo y dejaron de preocuparse por la supervivencia. La cultura y el ocio se convirtieron en comunes. El proceso de romanización siguió su caminar tanto a nivel local como a nivel global, y la Pax Romana se asentó durante dos siglos, el período de paz más largo conocido jamás por las regiones la cuenca mediterránea.

Hemos visto pues que la ciudad romana fue el instrumento mediante el cual una gran cantidad de personas conocieron la civilización y la cultura y con el tiempo se convirtieron en ciudadanos. Esta huella es profunda, tanto que durante toda la historia posterior se ha evocado el nombre de Roma como sinónimo de paz y prosperidad. Que el término "civilización" tenga la misma raiz que "civitas" no es una casualidad.




1. A.E.J. Morris, Historia de la forma urbana, Ed. Gustavo Gili SL, 1ª edición 2007, p. 59.